
La figura de Cleopatra encarna el final del período helenístico de Egipto y el término del poder político de la dinastía lágida. Dicha dinastía, también llamada ptolemaica, tuvo su período más esplendoroso y de mayor expansión en el siglo III a. C. La capital de sus dominios era la ciudad de Alejandría, que fue el mayor puerto del mar Mediterráneo de la época y mantenía una intensa actividad comercial. La riqueza económica, el poder político y la actividad cultural hicieron del Egipto de los Ptolomeos una potencia del momento.
“Su belleza, como se nos dice, no era en sí misma incomparable, no como para impactar a los que la veían; pero conversar con ella tenía un encanto irresistible” (Plutarco)En el siglo II a. C. se vieron obligados a ceñir sus dominios a sus propios territorios y perdieron su influencia externa. Es más, Egipto pudo mantener su independencia debido a la protección romana frente a los ataques de Antíoco IV Epífanes. Éste era el rey de Siria, descendiente del diádoco Seleuco y, por tanto, heredero del Imperio seléucida, que fue una de las partes en las que se dividió el Imperio de Alejandro Magno. Cabe recordar que la dinastía ptolemaica se funda con Ptolomeo I Sóter, quien fue general del emperador macedonio y se hizo con Egipto tras su muerte. Ptolomeo I pugnó con los demás sucesores de Alejandro por la repartición de su imperio en las Guerras de los Diádocos.
En la época ptolemaica, para la legitimación del poder se empleaban diversas fórmulas. Por un lado, para la población egipcia se mantenía un discurso y una iconografía de liberación de los persas. Por otro lado, para los habitantes de origen griego de ciudades como Alejandría se aludía a la figura de Alejandro Magno para conseguir una justificación de naturaleza helenística. Además, promovieron la cultura griega para reconocerse en ella y reforzar su autoridad intelectual. Asimismo, para la población autóctona seguían sirviendo las fórmulas del poder faraónico. Por último, la iconografía relacionada con la legitimación del poder se abre a las formas romanas debido a su necesidad de expandir su influencia en su contexto. La integración cultural producida fue de una riqueza fascinante.

Cleopatra recibió una educación griega, estudiando materias como astronomía, matemáticas, filosofía, música o política. También estudió diversos idiomas además del griego. Se la ha descrito a lo largo de la historia como una mujer formada, inteligente, con un carácter seductor y hábil en las relaciones sociales y de poder. El encanto de Cleopatra hizo de ella uno de los personajes más recordados de la historia. El filósofo e historiador Plutarco la caracteriza de esta manera:
Su belleza, como se nos dice, no era en sí misma incomparable, no como para impactar a los que la veían; pero conversar con ella tenía un encanto irresistible, y su presencia, combinada con la persuasión de su discurso
y el carácter que de alguna manera se difundía sobre su comportamiento
hacia los demás, tenía algo estimulante al respecto. También había
dulzura en los tonos de su voz; y su lengua, como un instrumento de
muchas cuerdas, ella podría fácilmente recurrir a cualquier lenguaje que
quisiera (…) (Vidas Paralelas: Antonio)

La relación con Roma, que en aquel momento se encontraba en guerra civil, era determinante. La Segunda guerra civil de la República romana transcurrió entre el 49 a. C. y el 45 a. C. y enfrentó a Julio César contra el bando conservador del Senado cuyo brazo armado lo comandaba Pompeyo. El conflicto concluyó con la victoria de César y la derrota de los pompeyanos. Tras perder la batalla de Farsalia, Pompeyo buscó protección en Egipto. Sin embargo, Ptolomeo XIII ordenó su asesinato en el 48 a. C. para ganarse la confianza de Julio César. Éste, al llegar a Alejandría para capturar a su contrincante, recibió la información de la muerte de Pompeyo y la tomó como una desgraciada y triste noticia, pues era un rival respetado por él. Se cuenta que incluso llegó a llorar por el asesinato de su amigo.
Julio César convocó a Cleopatra y a Ptolomeo XIII para resolver la disputa, ya que, muerto Pompeyo, él se hizo cargo de la posición de testamentario del padre de los hermanos. Cleopatra consiguió adentrarse en la estancia de Julio César para persuadirlo en su favor. Ptolomeo, al enterarse de las circunstancias, declinó la proposición de acuerdo y huyó difundiendo la traición. César capturó a Ptolomeo XIII y leyó en público el testamento de Ptolomeo XII. La repartición favoreció a Cleopatra, que retornó al trono y afianzó la alianza con César. A Ptolomeo XIII se le asignó Creta y a su hermana Arsinoe y a su hermano Ptolomeo XIV Chipre. El resultado fue una tensa situación entre Cleopatra y César, que se había afincado en Alejandría, por un lado, y Arsinoe y Ptolomeo XIII, que permanecía rehén en el palacio real, por otro.

De este modo, Cleopatra volvió a recuperar el trono y, para asumir las funciones, se casó con su hermano Ptolomeo XIV de diez años. El 47 a. C. nació Ptolomeo XV, el hijo de César y Cleopatra, al que los alejandrinos llamaron Cesarión. Pero este no fue el final de las peripecias de Cleopatra, pues en los idus de marzo del 44 a. C. Julio César fue asesinado.
En el año 43 a. C. Cleopatra envenenó a Ptolomeo XIV y Cesarión ocupó el cargo de corregente. En Egipto había una situación de hambruna y los canales del Nilo se encontraban deteriorados, lo cual afectaba a las cosechas. En Roma, Marco Antonio, quien fuera el principal jefe militar al servicio de Julio César, estaba dando caza a los responsables del asesinato. En el 43 a. C. se produjo el Segundo Triunvirato que ponía en el poder durante cinco años a Marco Antonio, a Lépido y a Octavio (posteriormente, emperador Augusto), a través de una alianza formalizada en la Lex Titia.

Octavio y Marco Antonio se enemistaron y al finalizar el triunvirato en el año 33 a. C., pues se renovó en el 38, se enfrentaron en el Senado y el segundo rechazó a la hermana de Octavio como esposa. El resultado fue la declaración romana de guerra a Egipto y la hostilidad contra Marco Antonio y Cleopatra, a la vez que se favoreció la posición de Octavio. Las flotas comandadas por Agripa, el principal general de Octavio, vencieron a las de Marco Antonio y Cleopatra en la batalla de Accio el 31 a. C. Este fue el combate decisivo que permitió a Octavio entrar en Alejandría el 30 a. C.


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