Con el arte portugués nos pasa lo mismo que con Portugal y
sus habitantes: apenas les hacemos caso aunque ellos sí nos lo hagan a
nosotros. ¡Con todo lo que pueden enseñarnos! En lo que a las artes se
refiere, en concreto las de la primera mitad del siglo XX, cabe la
posibilidad de reparar el error ahora, en Madrid, con una visita a la exposición Pessoa.
Todo arte es una forma de literatura,: un repaso a las joyas de los
mejores pintores vanguardistas del país vecino a través del gran poeta y
pensador que fue su espejo y referente: el escritor que se multiplicó a
sí mismo por más de cien, con sus famosos heterónimos. José de Almada
Negreiros –amigo de Pessoa y su conexión con otros muchos artistas–
encabeza la lista de unos veinte creadores excepcionales cuyas obras
podrán verse hasta el 7 de mayo en el museo madrileño, entre ellos
también Amadeu de Souza-Cardoso, Eduardo Viana, Sara Affonso y, como
viajeros que se enamoraron de Portugal, los franceses Sonia y Robert
Delaunay.
Todos los pintores representados en la muestra se vieron
influidos por los movimientos y estilos europeos irradiados desde París.
Pero asimismo todos ellos –unos más que otros– se esforzaron por
emanciparse de tales corrientes mediante estéticas y discursos propios
vinculados a la cultura popular de Portugal, su tierra nativa o
adoptiva. Esta manera de concebir la expresión artística, fruto en gran
medida del contexto histórico, era común a la actitud del escritor con
el que coincidieron e intercambiaban ideas en los cafés donde preparaban
sus aportaciones a las importantes revistas literarias y de arte que
les servían de órgano de difusión: empezando por la mítica Orpheu
–creada en 1915 bajo el signo de la rebeldía creativa– y continuando con
Athena, K4, Quadrado Azul y Presença, esta última nacida en 1924 y
extinguida en 1940 bajo preceptos heterogéneos que fueron del
expresionismo a la vuelta al orden.
Al igual que los pintores de su época, Pessoa asumió su condición de creador de la “periferia”
Al
igual que los pintores con los que convivió, Pessoa asumió su condición
de creador de la “periferia”. Como explicaba ayer el subdirector del
Reina Sofía y comisario de la muestra, João Fernandes, Portugal estaba
dejando atrás su pasado colonial y vivía un momento de decadencia. Desde
una posición de orgullo bajo esas circunstancias y frente a la
hegemonía de los artistas afincados en París, Pessoa optó por ofrecer a
su nación un renacimiento cultural a través de lenguajes artísticos de
cuño propio. Y así, frente al cubismo creo el interseccionismo y en
contraste con el futurismo concibió el sensacionismo, si bien el primer
movimientode su invención fue el paulismo, derivado de la palabra con
que había arrancado su poema Impresiones del crepúsculo: “ Pauis”, que
significa humedales.
La exposición del Reina Sofía, inaugurada por el primer
ministro portugués, António Costa, y el ministro español Íñigo Méndez de
Vigo, utiliza los tres ismoscreados por Pessoa como ideas vertebrales
de la mayoría de las obras reunidas. Son en total más de 160 piezas
entre pinturas, dibujos y fotografías, a las que se suman casi otros
tantos documentos como cartas, textos manuscritos y ejemplares las
revistas editadas entre 1915 y 1940.
El recorrido de la exposición arranca con un enorme retrato
de Pessoa realizado por Almada Negreiros en 1964. En la misma sala se
ilustra la prolífica, diversa y a menudo contradictoria producción
teórica del escritor a través de sus 136 heterónimos o alter ego:
personajes a los que dotó de temperamentos, tendencias, biografías y
hasta caligrafías propias, y entre los que destacan Alberto Caeiro,
Ricardo Reis, Bernardo Soares y Álvaro de Campos, este último autor de
la frase que da título a la muestra. La sección incluye algunas de las
cartas astrales que el escritor hizo a sus heterónimos.
La muestra cuenta con 160 piezas que traslada al visitante al Portugal del gran escritor
Después de otras dos salas con obras alusivas a la
participación de Portugal en la Primera Guerra Mundial, las
explicaciones sobre el origen y sentido del Paulismo acompañan obras de
autores clave de la modernidad portuguesa como António Carneiro, con su
tríptico A Vida. Esperança, Amor, Saudade, Amadeo de Souza Cardoso o
Guilherme de Santa Rita. De este último se muestra, por primera vez
fuera de Portugal, el lienzo Orfeo en los infiernos, una de las únicas
dos pinturas que se conservan de él tras su muerte por tuberculosis a
los 28 años y a pesar de que hubiera ordenado destruir todos sus
trabajos.
Al hilo del Interseccionismo, en el que planos y volúmenes
se superponen e interpenetran, cuadros especialmente atractivos y
coloristas de Eduardo Viana y de nuevo Souza Cardoso dan cuenta de una
suerte de derivación autóctona y contestataria del cubismo.
Con una incursión intermedia en las artes escénicas a base
de ilustraciones, bajorrelieves y documentos, la exposición desemboca en
sendas áreas vinculadas al Sensacionismode Pessoa, con grandes obras
del matrimonio Delaunay, y a la denominada Segunda Modernidad portuguesa
( Mário Eloy, Júlio Dos Reis Pereira, Jorge Barradas y Abel Manta),
esta última con predominio del expresionismo.
Entre las instituciones que han prestado obras al
Reina Sofía para la exposición sobresale, con 56 de las 160 piezas
recopiladas, el museo Calouste Gulbenkian, creado por un empresario
armenio del petróleo que en los años cincuenta convirtió su enorme
colección de arte en importante institución cultural y refugio
expresivo; también en centro de reunión de la juventud lisboeta desde la
fundación de la misma entidad en 1956 hasta el fin de la dictadura
salazarista con la revolución de los claveles, en 1974.
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